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Blog de Artículos

La evasión del mundo real/contacto

¿Cómo buscamos salir de la realidad?

Estoy en sesión y una persona que acompaño me dice: ¿porqué siento desconfianza hacia mi pareja? ¿porqué me angustio porque mi pareja no me contesta a un SMS en 2 horas? y empieza a preguntarse, debido a la angustia que siente, ¿qué estará haciendo, estará con otra persona? El día anterior, también en sesión, una paciente me explica que ha tenido una discusión con el jefe y para calmarse se ha fumado un porro… Dos días atrás, otra persona me dice que se siente solo y se pone a buscar en Apps a través de internet otras personas con las que establecer relaciones sexuales. Ese mismo día otra persona me comenta que pasa horas en redes sociales o plataformas en Internet para evadirse de sus miedos y angustias por no conseguir aquello que desea en su vida…

¿Cuál es la solución?

Son algunos de los ejemplos que me encuentro y que a mí me conectan con un fenómeno que observo última y frecuentemente en sesión y, no sólo en sesión, que es la evitación que realizan las personas respecto a su presente más inmediato: sus sentimientos y emociones, con todo el torrente de sensaciones físicas y pensamientos que lo acompañan. Somos seres sintientes y no podemos desprendernos de ello, sin embargo, intentamos eliminarlos como si fuera algo desechable, como si fuera un objeto más de consumo de esta sociedad que pudiéramos tirar a la basura simplemente por el hecho de que no nos genera placer. REPITO, NO PODEMOS DESPRENDERNOS de algo que forma parte de nuestra esencia: SENTIR. En muchas ocasiones, acompañar en terapia es acompañar a sentir, a experimentar que no pasa nada, bueno en realidad sí que pasa, pero no como para tener que repudiarlo y aniquilarlo. Es más, diría que son nuestros compañeros de vida que nos enseñan a ser quién somos y, sobre todo, a vivir.

 

Roberto Lara Santos

Psicólogo y Psicoterapeuta Gestalt

La ansiedad en terapia Gestalt

¿De dónde sale nuestra ansiedad?

La ruptura del equilibrio sucede a lo largo de la vida y es inevitable, cuando sentimos que se rompe el equilibrio puede aparecer la angustia, porque con esa ruptura emerge una nueva necesidad. Esta nueva necesidad tiene una respuesta adaptativa física a una amenaza real o imaginaria, llamada estrés que permite la acción para satisfacer la necesidad. Aquí ya vemos que el estrés puede ser positivo si te conduce a la acción, ya sea de huida, inhibición, enfrentamiento para resolver la situación amenazante.

Cuando la necesidad ha sido resuelta y por tanto satisfecha, se reestablece el equilibrio. Sin embargo, ¿qué sucede cuando esta necesidad no se concluye?

En muchas situaciones utilizamos el estrés para tratar de mitigar la angustia y no para resolver la necesidad con lo que conseguiremos reducir parcialmente la sensación de angustia, pero seguimos sin haber satisfecho la necesidad y seguimos sin reestablecer el equilibrio que se ha perdido. Por lo que iniciamos una rueda en la que nuestra angustia va subiendo y bajando de manera crónica que se convierte en ansiedad.

La ansiedad según la Terapia Gestalt

 

La ansiedad ya no se trata de una respuesta adaptativa para reestablecer el equilibrio, sino que se trata de una respuesta obstructiva. Entramos en un bucle de preocupaciones y miedos intensos, excesivos y circulares que conducen a la rumiación.

Este miedo rumiante nos aleja del contacto con el momento presente pues tiene mucho que ver con la anticipación. Esa tendencia existente de traer experiencias pasadas al futuro, que poco nos permiten conectar con el momento presente, el aquí y el ahora con el que trabaja la terapia Gestalt y por tanto nos alejan también de la acción.

Claudio Naranjo, comenta en una de sus entrevistas que “la ansiedad tiene mucho que ver con no poder elegir en los conflictos internos, con el miedo a que, si te equivocas, echarás todo a perder.”

Dónde podemos poner conciencia para parar la Ansiedad:

 

Conflictos Internos: Situaciones no resueltas entre diferentes versiones de nosotros mismos. Momentos en los que tenemos más de una opción de actuación o pensamiento que nos generan confusión y nos pueden llevar a la inacción manteniendo la sensación ansiosa. Esta sensación puede tomar otras salidas reactivas inconscientes en forma de mecanismo neurótico.

Anticipación: Fantasía creada basada en hechos o experiencias del pasado que proyectamos al futuro con una falsa sensación de control. La anticipación es un mecanismo que fomenta el miedo permanente y al fin y al cabo no permite que las cosas sucedan en el aquí y el ahora e impidiendo nuevos aprendizajes que puedan cambiar nuestra narrativa interna o introyectos.

Control: Fantasía.  ¿Cuánto realmente puedes controlar? Puedes responsabilizarte de una parte, de la que te toca y el resto sucederá o no dependiendo de muchos otros factores ajenos a ti.

Fritz Perls, padre de la terapia Gestalt decía que “La ansiedad es como la brecha que hay entre el ahora y el después” y planteaba las expectativas como:

Catastróficas: Las cosas horribles pueden suceder

Anastróficas: Las cosas estupendas pueden suceder

Para intentar controlar los resultados según nuestras expectativas es cuando activamos adaptaciones neuróticas tales como la planificación, ensoñaciones, temores, cotidianidad, repeticiones de patrones de conducta que nos conducirán a una falsa sensación de control y posiblemente a una decepción ya que estas son diferentes técnicas para mitigar la angustia pero no son estratégicas adaptativas para satisfacer la necesidad.

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¿Qué son las creencias limitantes en Gestalt?

¿Qué son las creencias limitantes en Gestalt?

Las creencias limitantes no se van solo desarrollando a lo largo de nuestra vida a través de la repetición de la experiencia, si no que, desde niños, y muchas veces sin darnos cuenta, aprendemos una serie de normas y conocimientos sobre lo que está bien y lo que está mal. ¿Cómo debemos comportarnos, relacionarnos, cómo debemos actuar?

 

Algunas de estas normas nos llegan de entornos externos como el colegio, pero, sobre todo, nos llegan a través de nuestros padres. Ellos, desde pequeños nos enseñan lo necesario para relacionarnos y nos transmiten su conocimiento para poder salir al mundo exterior. Este aprendizaje, en ocasiones, es a través de normas explícitas: “No tienes que pegar a tus compañeros” o “tienes que acabarte todo lo que hay en el plato” y otras de estas normas no nos llegan a través de palabras, si no a través de la cotidianidad de los actos de los padres.

 

Por ejemplo, si has visto toda la vida a tus padres madrugar no es necesaria la frase “a quien madruga Dios le ayuda” para que te llegue el mensaje y lo aprendas, muy probablemente vayas a integrar el madrugar como algo positivo en tu vida adulta y es incluso que penalices a aquellos que duermen largo y tendido hasta bien entrado el día.

Todas estas normas, explícitas o no, acaban conformando lo que en terapia Gestalt se conoce como “introyectos”. Fritz Perls, padre de la terapia Gestalt, define la introyección como el «mecanismo neurótico mediante el cual incorporamos dentro de nosotros patrones, actitudes, modos de actuar y pensar que no son auténticamente nuestros”.

¿A qué se refiere Perls con que no son auténticamente nuestros?

Si partimos de que los pilares de la Gestalt son: conciencia, responsabilidad y el aquí y ahora entendemos que, si estos aprendizajes no han pasado por un punto de conciencia significa que aquí y ahora los estamos poniendo en práctica de forma automática y responsabilizándonos o no de sus consecuencias. ¿Se habrá realmente planteado el madrugador si realmente está de acuerdo en que dormir es negativo?

Culturalmente, muchas de estas normas explícitas se han ido transmitiendo a través de generaciones sin que hubiera consciencia en su práctica del día a día. La Gestalt no afirma ni desmiente la veracidad de estos introyectos, si no que invita ponerles conciencia a que el individuo se los plantee: ¿Son siempre ciertos? ¿Cómo puede afectar a una persona el “tragar” uno de estos introyectos al 100% convirtiéndolo en ley?

Vamos a ver algunos de los introyectos explícitos transmitidos de generación en generación en la cultura española llamados refranes. ¿Te has parado a pensar ellos?

Introyectos culturales españoles

Perro ladrador poco mordedor

¿Alguien que habla mucho necesariamente no acciona? Este introyecto en forma de refrán lo podemos haber repetido muchas veces a lo largo de nuestra vida, sin embargo, si te encuentras delante de un perro que no para de ladrarte, ¿realmente vas a quedarte delante tentando a la suerte porque crees conocer a ese perro, o porque todos los perros son iguales y si ladran no muerden? Es muy probable que te apartes de ese perro, porque instintivamente puedes percibir hostilidad.

Sin embargo, recuerda alguna ocasión en la que has utilizado ese introyecto con una persona. Alguien que te va, por ejemplo, amenazando con hacer algo varias veces. ¿Es posible que en algún momento cumpliera la amenaza? ¿Existe esa opción? Claro que existe porque no todos somos iguales.

Un clavo saca otro clavo

Este refrán que se ha instalado en el subconsciente de muchos alude a que una persona hace olvidar a otra y que el objeto inicial puede ser sustituido por otro.

¿Es realmente así? Hay muchas situaciones y casuísticas que pueden darse, pero dependiendo del momento en el que estemos, un segundo clavo podría tratarse de un mero entretenimiento o derivación de la atención sin que necesariamente ocupe el espacio emocional que ocupaba el primer clavo. Aquí estaríamos hablando de que este mecanismo de introyección invita al siguiente mecanismo: la deflexión, de la que no nos ocuparemos en este artículo.

Lo importante es que cuando de manera automática vayamos a activar el introyecto de “un clavo saca a otro clavo” podamos recurrir a ponerle consciencia en para qué lo estamos haciendo, y si realmente es lo que queremos o simplemente estamos tapando una necesidad de duelo para cerrar un ciclo.

Como hemos dicho, esto se trata de un ejemplo y no a todos aplica del mismo modo una vez hemos puesto conciencia en la motivación de nuestros actos.

Al mal tiempo, buena cara

Este introyecto apela a la importancia del positivismo y siempre proyectar felicidad. Sin embargo, también sabemos que la felicidad constante no es algo que abunde y menos durante todo el tiempo. ¿Qué sucedería entonces a una persona que pone buena cara cuando no se siente bien? En este supuesto existiría una disociación entre lo que hace y cómo se siente, en este momento es cuando se debería activar la consciencia y plantearse para qué pone buena cara.

En ocasiones cuando la disociación es fuerte, como en situaciones en las que una persona está triste, pero sonríe ante desconocidos, en formación Gestalt hemos podido ver varias veces como otro factor entra en acción. El cuerpo. En el momento en que sentimiento y mente no se alinean, el cuerpo puede también reaccionar automáticamente para dejar constancia a la persona de que hay algo que no funciona, y de pronto esa sonrisa mantenida un rato empieza a flaquear y le empiezan a temblar los labios.

Conclusiones

La observación de nuestras necesidades a través del ciclo de satisfacción de las necesidades según la Gestalt ofrece al individuo la posibilidad de afrontar distintas situaciones desde un grado de autoconocimiento mayor. Este conocimiento le permitirá acercarse al equilibrio placentero o a gestionar sus necesidades desde otra perspectiva que posibilite el aproximamiento a la resolución.

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Ciclo de las necesidades

El ciclo de las necesidades

El ciclo de necesidades en Terapia Gestalt

El ciclo de las necesidades es aquel que nos ayuda a poner atención a cómo satisfacemos o no las necesidades que van sucediendo a lo largo del día. Son muchas las necesidades que van apareciendo, algunas de forma consciente y otras de forma inconsciente y no todas nos son sencillas de satisfacer. Existe un abanico de mecanismos neuróticos que se ponen en marcha en según qué situaciones dependiendo de nuestra historia personal.

En terapia Gestalt ser consciente de este ciclo de las necesidades es una herramienta que permite el autoconocimiento y, por tanto, la posibilidad de gestionarlas atendiendo las particularidades de cada individuo, quien en definitiva busca ese estado de equilibrio que satisfacer sus necesidades le facilitará.

Algunas de estas necesidades las resolvemos de manera mecánica, no todas son complicadas. Estas son aquellas que satisfacemos sin necesidad de raciocinio o consciencia, porque tenemos su resolución muy integrada y no nos suponen ningún problema. Suelen ser, por ejemplo, ir al baño o comer cuando se tiene hambre. Sin embargo, con algunas necesidades puede que aparezcan posibles bloqueos, interrupciones o impedimentos. Conocer el ciclo de las necesidades según la terapia Gestalt, nos puede ayudar a identificar con qué necesidades nos atascamos o en qué momento del ciclo nos quedamos frenados.

Ciclo de las necesidades

Las fases del ciclo de las necesidades

 

El ciclo de las necesidades en terapia Gestalt se divide en 6 fases que pueden verse interrumpidas consciente o inconscientemente. Ser capaces de completar el ciclo de nuestras necesidades puede evitar situaciones que puedan generar un desequilibrio en la persona y sus relaciones; evitando así, desde discusiones hasta la posible desensibilización de algo que es importante para nosotros.

Se puede decir que una Gestalt está satisfecha cuando satisfacemos nuestra necesidad y volvemos al punto de equilibrio o reposo.

Fase 1: Sensación

La necesidad encuentra la forma de manifestarse en nuestro cuerpo y nos avisa de su existencia. En muchas ocasiones esta sensación se atiende de forma automática pues esa necesidad no supone ningún problema ni ninguna contrariedad para el individuo. Sin embargo, en otras ocasiones, la manifestación corporal de la necesidad pasa desapercibida.

En el caso del enamoramiento podríamos sentir lo que llaman mariposas en el estómago, o falta de hambre, una sonrisa permanente. El cuerpo nos avisa. En cambio con el estrés puede que aparezca como tensión muscular.

Fase 2: Consciencia

En este momento nos damos cuenta, las sensaciones físicas cobran sentido y somos capaces de identificar el objeto que las provoca. Tal vez tengamos a una persona muy presente como objeto de deseo en el enamoramiento o nos demos cuenta de que la tensión en la espalda sucede al hablar de trabajo.

Fase 3: Energetización

En esta fase recopilamos el coraje y decidimos emprender acción, aunque aún no lo hacemos. Es ese momento en el que nos motivamos, pensamos e ideamos cuál va a ser el siguiente paso. ¿Tal vez decidamos pedirle una cita a esa persona? O tal vez decidimos llamarla por teléfono.

En el trabajo tal vez nos planteemos dejarlo, o si no es necesario, decidimos hablar con nuestro superior y exponerle el tema que nos preocupa.

Fase 4: Acción

¡Nos movilizamos! Accionamos nuestra idea y descolgamos el teléfono y marcamos el número. Le comunicamos a nuestro jefe que necesitamos tener una conversación, o nos ponemos a mirar ofertas de trabajo.

Fase 5: Contacto

El contacto llega en el momento en el que la acción satisface la necesidad. En este punto es importante comprender que no toda acción nos hace entrar en contacto con la resolución de la necesidad. El resultado del contacto es el cambio.

En el enamoramiento podría tratarse de escuchar la voz de la persona amada, estar en la cita satisface nuestra necesidad de contacto íntimo con la persona. Si hablamos de la necesidad de solventar un problema laboral sería, por ejemplo, tener la reunión con el jefe y encontrar la solución a tu problema.

Fase 6: Reposo

Una vez satisfecha la necesidad es importante emprender la retirada y dar el ciclo por finalizado permitiendo así el descanso para poder afrontar la nueva necesidad.

El reposo conforma el inicio y el final del ciclo. De él partimos hasta que aparece la sensación de una necesidad y con él concluimos si hemos conseguido satisfacer el ciclo. Entre el contacto y el reposo existe una fase intermedia: la realización. El momento en el que se disfruta del contacto obtenido.

Disfrutas de estar dado de la mano con esa persona especial o celebras el haber encontrado la solución a tu problema laboral.

Conclusiones

La observación de nuestras necesidades a través del ciclo de satisfacción de las necesidades según la Gestalt ofrece al individuo la posibilidad de afrontar distintas situaciones desde un grado de autoconocimiento mayor. Este conocimiento le permitirá acercarse al equilibrio placentero o a gestionar sus necesidades desde otra perspectiva que posibilite el aproximamiento a la resolución.

Contacto y Retirada